Jukat -Balak

By julio 2, 2020 Parashot
3 de julio del 2020 / 11 Tamuz 5780  

(Números 19.1-25:9)

La lectura de la Torá de este Shabat, incluye dos parshiot que constituyen por lo tanto, lo que se conoce como parshiot mejubarot o unidas.
Es la lectura de Jukat y de Balak.
En la lectura de Jukat, observamos que en uno más de los episodios de queja y revuelta del Pueblo contra Moshé por su molestia al estar en el desierto sin la comida y el agua anhelados, D’os los castiga de una manera especial, enviando serpientes venenosas contra el Pueblo.

Debido a la presencia de serpientes en el desierto, Moshé erigió un poste sobre el cual colgó una Serpiente de Cobre, y la persona que dirigía su vista a esta serpiente, se curaba del veneno de la mordida que había recibido.

Este episodio es enigmático, porque la utilización de la “Serpiente de Cobre” contradice el desdén manifestado por la idolatría. Sensible a esta aparente dificultad, el Talmud insiste que la cura de la mordida resultaba de elevar la vista hacia el cielo, hacia “Nuestro Padre en el Cielo” y no hacia la “Serpiente de Cobre”.

Aparentemente, esta Serpiente de Cobre fue guardada, tal como el recipiente con Maná en el Beit HaMikdash, la vara de Aharon y las Tablas de la Ley, como recuerdos de los milagros ocurridos durante la travesía por el desierto.

Cuando el rey Jizquiyá se empeñó en desterrar todo vestigio de idolatría, destruyó la Serpiente de Cobre, porque estaba siendo adorada tal como si fuera un ídolo. Prefirió destrozar la imagen, no obstante, el peligro que se olvidara el milagro que se produjo a través de este objeto.

Este episodio, sirve para destacar la idea de que D’os hace milagros a diario, para que la Humanidad pueda sobrevivir. Especialmente durante los cuarenta años de travesía por el desierto, después del éxodo de Egipto, los hebreos pudieron arribar finalmente a la Tierra Prometida, únicamente por la intervención milagrosa y constante de D’os.

Tanto el pan que comieron en la forma de Man (maná), como el agua que brotaba por el mérito de Miriam, provenían en forma milagrosa directamente de D’os.

El Talmud enseña que la persona no debe confiar en el milagro, debe conducir su vida por el sendero de la rectitud y la mitzvá, comportamiento que produce de manera natural la buenaventura
.
Tal como enseña el Shemá Israel, incluso la naturaleza responde con abundantes lluvias para la cosecha, como consecuencia del comportamiento humano.

Todos los días tenemos ante nosotros episodios milagrosos que, por la naturalidad y frecuencia de su ocurrencia, damos por sentado y que sin embargo no percibimos.

Veamos y descubramos los milagros que hay a nuestro derredor.

Shabat Shalom!

Shabat Shalom

Rabino Efraim Rosenzweig